¿Has oído hablar del hombre más feliz del mundo? No es un superhéroe, ni la persona más rica del planeta. Se trata del biólogo francés y monje budista Matthieu Ricard que aceptó someter su cabeza a constantes resonancias magnéticas nucleares a cargo de investigadores de la Universidad de Wisconsin.
Su cerebro fue conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer y satisfacción. Todo esto, mientras practicaba la técnica de la meditación.
Para sorpresa de los especialistas Ricard tenía una capacidad única y excepcional de ser feliz.
Pero ¿cuál fue su secreto?
"La felicidad es un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona”, expicó Ricard, quien motiva a la gente, mediante explicaciones científicas, a meditar todos los días para alejarse del estrés diario.
Según Giorgio Orlandi Bertoni, quien vivió durante 16 años como monje budista y es docente, motivador y conferencista, la meditación aumenta nuestro rendimiento laboral y logra un equilibrio emocional.
"Ayuda también a disminuir el cansancio físico y la falta de energía, mejora los estados emocionales descontrolados, aumenta la claridad mental, disminuye los dolores físicos y mejora la salud corporal", aseguró el especialista.
Para aprender la técnica, Giorgio ofrece un taller de meditación que se realizará el domingo 30, de 09:00 a 16:00, en el Centro de Meditación Escencial ubicado en la calle Curuyuqui del barrio Braniff. Búsca mayor información en su cuenta de Facebook Giorgio Orlandi-Bertoni y recuerda: ¡mantén la calma y meditá!
jueves, 27 de noviembre de 2014
sábado, 1 de noviembre de 2014
Dictan clases de Yoga al desnudo en Londres
Los instructores de yoga ingleses han optado por enseñar esta tradicional disciplina física y mental pero con una variante: al desnudo, informó el portal Starmedia.
YogaNu y Altogether Yoga son de las primeras empresas en Reino Unido en ofrecer clases de yoga al descubierto para hombres, aunque también se comienzan a ofrecer clases mixtas en el centro Naked Yoga London.
De acuerdo a los expertos, el despojarse de la ropa incrementa la autoestima y libera al ser humano sin restricciones.
La cantante Lady Gaga y el actor estadounidense Matthew McConaughey son dos de los grandes seguidores de está nueva tendencia que hoy arriba a las calles de Londres.
La meta final de está disciplina al desnudo utiliza el mismo argumento que las playas nudistas: la liberación de la mente de tabúes.
YogaNu y Altogether Yoga son de las primeras empresas en Reino Unido en ofrecer clases de yoga al descubierto para hombres, aunque también se comienzan a ofrecer clases mixtas en el centro Naked Yoga London.
De acuerdo a los expertos, el despojarse de la ropa incrementa la autoestima y libera al ser humano sin restricciones.
La cantante Lady Gaga y el actor estadounidense Matthew McConaughey son dos de los grandes seguidores de está nueva tendencia que hoy arriba a las calles de Londres.
La meta final de está disciplina al desnudo utiliza el mismo argumento que las playas nudistas: la liberación de la mente de tabúes.
jueves, 2 de octubre de 2014
EL “HOT YOGA” COMBINA POSTURAS ESTRATÉGICAS EN UNA SALA CON 42 GRADOS CENTÍGRADOS Y UN 40 POR CIENTO DE HUMEDAD
“El yoga caliente o “hot yoga” combina una serie 26 asanas o posturas extraídas de las 87 posturas de “hatha yoga” tradicional, junto con dos ejercicios de respiración”, señalan desde Californian Hot Yoga, CHY, (www.californianhotyoga.com), un centro de formación de profesores de esta modalidad.
Desde este centro señalan que el yoga, tanto para los profesores como para los simples practicantes, abre un camino nuevo, pleno de satisfacciones, a través de un viaje a uno mismo, “que nos prepara para ser más conscientes en el día a día, aportando un mayor crecimiento personal”.
“Lo más impactante del ‘hot yoga’ es que cambia la vida de quienes lo practican, porque empiezan a ser conscientes de todas las partes de su cuerpo, de que también tienen un mundo interior y que lo que separa el mundo externo del interno es la piel y que ésta ¡también se relaja o se estresa!”, explica a Efe, Macarena Cutillas, directora de CHY.
“Todo lo somatizamos, es decir transformamos los problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria y, por eso, hay tantas enfermedades que no podemos curar ni prever”, indica Cutillas, quien asegura que esta modalidad de yoga aporta las herramientas para poder librarse de toda esa negatividad y así poder elegir qué queremos tener dentro nuestro y qué no, igual que elegimos la indumentaria que nos ponemos cada mañana.
Según esta maestra de yoga que estudió en la escuela Evolution de California, “al practicar esta técnica todos se dan cuenta del potencial que tienen dentro y eso, hoy en día, es un milagro”.
Pero, ¿en qué consiste el “hot yoga”? El hot yoga o Bikram yoga fue fundada por el Maestro de origen indio, Bikram Choudhury, que tras años de experiencia y estudio en la práctica del yoga, fundó esta franquicia que promete bienestar físico y mental vitalicio.
Fenómeno de alcance mundial
El “hot yoga” llegó a California en la década de 1970 y se hizo famoso porque la actriz Shirley MacLaine lo practicaba y lo llevó a los círculos altos de la sociedad, donde goza de una gran popularidad, y se practica en buena parte del mundo, desde EEUU, Reino Unido e India, hasta Argentina, Australia, Indonesia, Costa Rica, Canadá, Marruecos, Japón, Bolivia y toda Europa, según Cutillas.
“Consta de unas posturas escogidas y que siguen un orden determinado para trabajar el cuerpo al completo y también la mente. Se compone de 26 asanas y 2 ejercicios de respiración y se trabaja en una sala climatizada con 42 grados centígrados y un 40 por ciento de humedad”, añade esta experta.
Según Cutillas, el yoga es un sanador del cuerpo, que a cada persona le equilibra y sana lo que necesita. Por su parte, el calor, además de ser terapéutico, puede llegar a potenciar la práctica por diez veces, ya que los resultados se obtienen mucho antes.
“Con el yoga tradicional se pueden obtener sus beneficios al cabo de los meses mientras que con el “hot yoga” a la tercera semana ya se puede notar un cambio estructural en el cuerpo”.
De adentro hacia afuera. De acuerdo a la directora de CHY, los beneficios de esta modalidad yoguica son muchos y se basan en que al practicarlo “enviamos sangre impulsada y fresca a cada órgano, glándula, tendón, articulación o músculo, y hace que estimulemos y regeneremos cada célula de nuestro cuerpo y a su ‘músculo’ más importante, el cerebro”.
En forma. “Este método ayuda a controlar el peso, moldeando el cuerpo, quemando grasa, eliminando la retención líquidos, equilibrando el sistema hormonal, regulando el metabolismo y fortaleciendo la masa muscular”, explica esta profesional.
100% Salud. Agrega que además tiene un efecto analgésico, eliminando los dolores de espalda y articulaciones, fortaleciendo los sistemas músculo-esquelético respiratorio y la columna vertebral, y ayudando abandonar los malos hábitos y eliminar toxinas.
Rejuvenece cuerpo y mente. “Asimismo tiene cualidades “antiaging” rejuveneciendo el organismo de dentro a fuera al enviar sangre oxigenada a las células, y beneficia las emociones, calmando el estrés y el sistema nervioso y mejorando la voluntad, la concentración, el control mental y la confianza en uno mismo”, según Cutillas.
Claves para profesores y practicantes
Dadas las especiales condiciones de calor y humedad del “hot yoga” ¿se requieren unas determinadas condiciones físicas o una revisión médica previa para practicarlo?
Macarena Cutillas responde que “dentro de las condiciones normales orgánicas y de salud de cualquier persona, puede practicarlo todo el mundo y carece de contraindicaciones”.
“En nuestro centro tenemos embarazadas, personas operadas del corazón o de hernias, y gente con la tensión alta o baja, y en este último caso el “hot yoga” es bueno para las dos situaciones”, señala.
“Si alguien tuviera una enfermedad especifica, por supuesto tiene que consultar a su médico, igual que si va a practicar cualquier deporte o actividad, y será el facultativo quien lo determine”, añade.
Los requisitos para los alumnos de los cursos de formación son diferentes, porque -según Cutillas- “el entrenamiento para ser profesor es, a nivel profesional, y no solo se practica más de tres horas al día sino que se practican durante todo el día diferentes posturas en el cuerpo, además de otros tipos de yoga”.
“A esto hay que sumarle las horas que hay que pasar sentado en el suelo en las clases teóricas, por lo que es necesario disponer de un certificado médico que diga que la persona puede cumplir el curso sin problemas antes de iniciar el entrenamiento”, indica la experta.
“A los alumnos que vienen a practicar no se les exige ese certificado, a no ser que tengan un problema o dolencia concreta, como una operación de corazón. En condiciones normales no se necesita nada más, ya que lo normal para un practicante es asistir a una clase diaria de una hora y media de duración”, concluye. /
¿POR QUÉ EL CALOR?
Según el programa, algunos de los beneficios del calor incluyen mejora del sistema inmunológico (gracias a que sudas TODO lo que es posible sudar y más), ejercitas completamente tu sistema cardiovascular y debido a que es un ambiente tan exigente, fortaleces tu voluntad, auto-control y determinación.
SI, LO HAGO,¿BAJARÉ DE PESO?
En un estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal de Colorado se monitoreó a un grupo de 90 participantes durante 24 sesiones de yoga con fines de investigación. Como parte de los resultados se detectó que, sorprendentemente, las personas casi no bajaron de peso.
Sucede que entre los ríos de sudor que corren por tu cuerpo, el esfuerzo extra que haces para no colapsar a media pose y el calor que nomás no disminuye, sientes que estás quemando cantidades industriales de calorías. Y en realidad, el estudió publicó que un hombre promedio quema alrededor de 460 calorías mientras que una mujer quema 330 calorías, equivalentes a lo que quemas al salirte a caminar a un paso normal durante los mismos 90 minutos.
Lo que sí, es que después de las 24 sesiones, las personas se sintieron más fuertes y se notaron modestamente más tonificadas. Aseguramos hombros, traseros y abdomen mas firmes. ¡Namaste!
Desde este centro señalan que el yoga, tanto para los profesores como para los simples practicantes, abre un camino nuevo, pleno de satisfacciones, a través de un viaje a uno mismo, “que nos prepara para ser más conscientes en el día a día, aportando un mayor crecimiento personal”.
“Lo más impactante del ‘hot yoga’ es que cambia la vida de quienes lo practican, porque empiezan a ser conscientes de todas las partes de su cuerpo, de que también tienen un mundo interior y que lo que separa el mundo externo del interno es la piel y que ésta ¡también se relaja o se estresa!”, explica a Efe, Macarena Cutillas, directora de CHY.
“Todo lo somatizamos, es decir transformamos los problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria y, por eso, hay tantas enfermedades que no podemos curar ni prever”, indica Cutillas, quien asegura que esta modalidad de yoga aporta las herramientas para poder librarse de toda esa negatividad y así poder elegir qué queremos tener dentro nuestro y qué no, igual que elegimos la indumentaria que nos ponemos cada mañana.
Según esta maestra de yoga que estudió en la escuela Evolution de California, “al practicar esta técnica todos se dan cuenta del potencial que tienen dentro y eso, hoy en día, es un milagro”.
Pero, ¿en qué consiste el “hot yoga”? El hot yoga o Bikram yoga fue fundada por el Maestro de origen indio, Bikram Choudhury, que tras años de experiencia y estudio en la práctica del yoga, fundó esta franquicia que promete bienestar físico y mental vitalicio.
Fenómeno de alcance mundial
El “hot yoga” llegó a California en la década de 1970 y se hizo famoso porque la actriz Shirley MacLaine lo practicaba y lo llevó a los círculos altos de la sociedad, donde goza de una gran popularidad, y se practica en buena parte del mundo, desde EEUU, Reino Unido e India, hasta Argentina, Australia, Indonesia, Costa Rica, Canadá, Marruecos, Japón, Bolivia y toda Europa, según Cutillas.
“Consta de unas posturas escogidas y que siguen un orden determinado para trabajar el cuerpo al completo y también la mente. Se compone de 26 asanas y 2 ejercicios de respiración y se trabaja en una sala climatizada con 42 grados centígrados y un 40 por ciento de humedad”, añade esta experta.
Según Cutillas, el yoga es un sanador del cuerpo, que a cada persona le equilibra y sana lo que necesita. Por su parte, el calor, además de ser terapéutico, puede llegar a potenciar la práctica por diez veces, ya que los resultados se obtienen mucho antes.
“Con el yoga tradicional se pueden obtener sus beneficios al cabo de los meses mientras que con el “hot yoga” a la tercera semana ya se puede notar un cambio estructural en el cuerpo”.
De adentro hacia afuera. De acuerdo a la directora de CHY, los beneficios de esta modalidad yoguica son muchos y se basan en que al practicarlo “enviamos sangre impulsada y fresca a cada órgano, glándula, tendón, articulación o músculo, y hace que estimulemos y regeneremos cada célula de nuestro cuerpo y a su ‘músculo’ más importante, el cerebro”.
En forma. “Este método ayuda a controlar el peso, moldeando el cuerpo, quemando grasa, eliminando la retención líquidos, equilibrando el sistema hormonal, regulando el metabolismo y fortaleciendo la masa muscular”, explica esta profesional.
100% Salud. Agrega que además tiene un efecto analgésico, eliminando los dolores de espalda y articulaciones, fortaleciendo los sistemas músculo-esquelético respiratorio y la columna vertebral, y ayudando abandonar los malos hábitos y eliminar toxinas.
Rejuvenece cuerpo y mente. “Asimismo tiene cualidades “antiaging” rejuveneciendo el organismo de dentro a fuera al enviar sangre oxigenada a las células, y beneficia las emociones, calmando el estrés y el sistema nervioso y mejorando la voluntad, la concentración, el control mental y la confianza en uno mismo”, según Cutillas.
Claves para profesores y practicantes
Dadas las especiales condiciones de calor y humedad del “hot yoga” ¿se requieren unas determinadas condiciones físicas o una revisión médica previa para practicarlo?
Macarena Cutillas responde que “dentro de las condiciones normales orgánicas y de salud de cualquier persona, puede practicarlo todo el mundo y carece de contraindicaciones”.
“En nuestro centro tenemos embarazadas, personas operadas del corazón o de hernias, y gente con la tensión alta o baja, y en este último caso el “hot yoga” es bueno para las dos situaciones”, señala.
“Si alguien tuviera una enfermedad especifica, por supuesto tiene que consultar a su médico, igual que si va a practicar cualquier deporte o actividad, y será el facultativo quien lo determine”, añade.
Los requisitos para los alumnos de los cursos de formación son diferentes, porque -según Cutillas- “el entrenamiento para ser profesor es, a nivel profesional, y no solo se practica más de tres horas al día sino que se practican durante todo el día diferentes posturas en el cuerpo, además de otros tipos de yoga”.
“A esto hay que sumarle las horas que hay que pasar sentado en el suelo en las clases teóricas, por lo que es necesario disponer de un certificado médico que diga que la persona puede cumplir el curso sin problemas antes de iniciar el entrenamiento”, indica la experta.
“A los alumnos que vienen a practicar no se les exige ese certificado, a no ser que tengan un problema o dolencia concreta, como una operación de corazón. En condiciones normales no se necesita nada más, ya que lo normal para un practicante es asistir a una clase diaria de una hora y media de duración”, concluye. /
¿POR QUÉ EL CALOR?
Según el programa, algunos de los beneficios del calor incluyen mejora del sistema inmunológico (gracias a que sudas TODO lo que es posible sudar y más), ejercitas completamente tu sistema cardiovascular y debido a que es un ambiente tan exigente, fortaleces tu voluntad, auto-control y determinación.
SI, LO HAGO,¿BAJARÉ DE PESO?
En un estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal de Colorado se monitoreó a un grupo de 90 participantes durante 24 sesiones de yoga con fines de investigación. Como parte de los resultados se detectó que, sorprendentemente, las personas casi no bajaron de peso.
Sucede que entre los ríos de sudor que corren por tu cuerpo, el esfuerzo extra que haces para no colapsar a media pose y el calor que nomás no disminuye, sientes que estás quemando cantidades industriales de calorías. Y en realidad, el estudió publicó que un hombre promedio quema alrededor de 460 calorías mientras que una mujer quema 330 calorías, equivalentes a lo que quemas al salirte a caminar a un paso normal durante los mismos 90 minutos.
Lo que sí, es que después de las 24 sesiones, las personas se sintieron más fuertes y se notaron modestamente más tonificadas. Aseguramos hombros, traseros y abdomen mas firmes. ¡Namaste!
jueves, 25 de septiembre de 2014
El yoga para calmar dolores de espalda
Las sesiones de yoga comprenden ejercicios que consisten en una serie de movimientos realizados en ritmo con la respiración. Generalmente, al final de la sesión, las personas se sienten relajadas. En cuanto a los efectos positivos sobre la espalda, suelen aparecer luego de un par de semanas.
Esta actividad completa y suave permite reforzar la musculatura dorsal. Asimismo, contribuye a relajarse óptimamente y ayuda a corregir algunas deformaciones de la columna vertebral como la cifosis y la hiperlordosis. Reduce el estrés y la ansiedad, además controla la respiración. También enseña a mejorar las posturas corporales. De esta manera, las personas que practican yoga logran un mejor manejo del dolor que otros individuos y disminuyen considerablemente las molestias dorsales, las cuales ocasionan un sufrimiento importante a mucha gente.
Puedes practicar esta disciplina a cualquier edad, ya que existen diferentes clases según tu nivel y necesidades. Asimismo, las mujeres embarazadas no deben dudar en iniciarse al yoga, ya que alivia las molestias lumbares causadas por la gestación. Toma en cuenta que esta actividad tiene una acción preventiva que permite disminuir la recurrencia de las tensiones dorsales. Sin embargo, es preferible esperar que los dolores de espalda agudos se pasen para no estirar más los músculos.
6 asanas para tu columna
cobra
Esta postura fortifica los ligamentos de la columna vertebral. Échate sobre el vientre con tus manos colocadas debajo de los hombros. Separa tus dedos y presiona tus palmas contra el suelo hasta que tus brazos estén estirados. Luego, empuja la parte superior de tu cuerpo hacia arriba, levantando al mismo tiempo la mirada. Las caderas, piernas y pies deben seguir pegados al piso. Mantén esta postura durante 5 respiraciones completas antes de relajarte.
camello
Este ejercicio fortalece la columna y desarrolla el suministro de energía acumulada en el cuerpo. Siéntate sobre tus rodillas, colocando tus manos sobre los tobillos. Inhala al arquear tu espalda y eleva el pecho. Estira las caderas hacia delante y lleva la cabeza hacia atrás. Respira profundamente durante 20 segundos antes de regresar a la posición inicial.
niÑo
Es una postura muy común que permite relajar totalmente los músculos dorsales. Arrodíllate y coloca tu frente en el piso. Estira los brazos en dirección vertical. Realiza 5 respiraciones profundas. Te proveerá calma, descanso y sosiego.
gato
Contribuye a aumentar la flexibilidad de la columna vertebral. Apoya tus manos y rodillas sobre el suelo, manteniendo las palmas a la misma altura que los hombros. Mira el piso y respira profundamente. Luego, en una exhalación, dirige tus abdominales hacia atrás y contrae los glúteos. Estira los brazos y levanta tu espalda para que la columna vertebral esté redondeada. Tu cabeza debe seguir fijando el suelo. Repite esta postura 10 veces.
pinza
Esta asana permite prevenir la ciática, ya que flexibiliza la columna vertebral. Échate boca arriba con las piernas y brazos estirados. Tus manos deben estar colocadas al lado de tus muslos. Inspira profundamente. Luego, expira y eleva el busto hasta que tus manos agarren tus tobillos. Tu cabeza debe acercarse a tus rodillas, las cuales no puedes flexionar.
trIÁngulo
Es excelente para aliviar el lumbago y tonificar los abdominales. Ponte de pie con las piernas abiertas. Inspira profundamente levantando los brazos. Coloca tu mano derecha sobre el pie izquierdo. Vuelve a tu posición inicial y efectúa el mismo gesto con los dos otros miembros.
Esta actividad completa y suave permite reforzar la musculatura dorsal. Asimismo, contribuye a relajarse óptimamente y ayuda a corregir algunas deformaciones de la columna vertebral como la cifosis y la hiperlordosis. Reduce el estrés y la ansiedad, además controla la respiración. También enseña a mejorar las posturas corporales. De esta manera, las personas que practican yoga logran un mejor manejo del dolor que otros individuos y disminuyen considerablemente las molestias dorsales, las cuales ocasionan un sufrimiento importante a mucha gente.
Puedes practicar esta disciplina a cualquier edad, ya que existen diferentes clases según tu nivel y necesidades. Asimismo, las mujeres embarazadas no deben dudar en iniciarse al yoga, ya que alivia las molestias lumbares causadas por la gestación. Toma en cuenta que esta actividad tiene una acción preventiva que permite disminuir la recurrencia de las tensiones dorsales. Sin embargo, es preferible esperar que los dolores de espalda agudos se pasen para no estirar más los músculos.
6 asanas para tu columna
cobra
Esta postura fortifica los ligamentos de la columna vertebral. Échate sobre el vientre con tus manos colocadas debajo de los hombros. Separa tus dedos y presiona tus palmas contra el suelo hasta que tus brazos estén estirados. Luego, empuja la parte superior de tu cuerpo hacia arriba, levantando al mismo tiempo la mirada. Las caderas, piernas y pies deben seguir pegados al piso. Mantén esta postura durante 5 respiraciones completas antes de relajarte.
camello
Este ejercicio fortalece la columna y desarrolla el suministro de energía acumulada en el cuerpo. Siéntate sobre tus rodillas, colocando tus manos sobre los tobillos. Inhala al arquear tu espalda y eleva el pecho. Estira las caderas hacia delante y lleva la cabeza hacia atrás. Respira profundamente durante 20 segundos antes de regresar a la posición inicial.
niÑo
Es una postura muy común que permite relajar totalmente los músculos dorsales. Arrodíllate y coloca tu frente en el piso. Estira los brazos en dirección vertical. Realiza 5 respiraciones profundas. Te proveerá calma, descanso y sosiego.
gato
Contribuye a aumentar la flexibilidad de la columna vertebral. Apoya tus manos y rodillas sobre el suelo, manteniendo las palmas a la misma altura que los hombros. Mira el piso y respira profundamente. Luego, en una exhalación, dirige tus abdominales hacia atrás y contrae los glúteos. Estira los brazos y levanta tu espalda para que la columna vertebral esté redondeada. Tu cabeza debe seguir fijando el suelo. Repite esta postura 10 veces.
pinza
Esta asana permite prevenir la ciática, ya que flexibiliza la columna vertebral. Échate boca arriba con las piernas y brazos estirados. Tus manos deben estar colocadas al lado de tus muslos. Inspira profundamente. Luego, expira y eleva el busto hasta que tus manos agarren tus tobillos. Tu cabeza debe acercarse a tus rodillas, las cuales no puedes flexionar.
trIÁngulo
Es excelente para aliviar el lumbago y tonificar los abdominales. Ponte de pie con las piernas abiertas. Inspira profundamente levantando los brazos. Coloca tu mano derecha sobre el pie izquierdo. Vuelve a tu posición inicial y efectúa el mismo gesto con los dos otros miembros.
jueves, 28 de agosto de 2014
Cómo descubrir el color de tu aura
Por todos es sabido que nuestro mundo interior es todo un misterio hasta para nosotros mismos. Pero sí se puede descubrir el color de tu aura para que te conozcas un poco mejor.
El aura es un campo de energía que desprende nuestro cuerpo y se encuentra a nuestro alrededor en forma de óvalo. Está formado por varias capas, cada una de un color, y es el color dominante el que nos define como seres espirituales, aunque la combinación de colores va cambiando a lo largo de nuestra vida según las circunstancias.
Respecto a la existencia del aura, muchos científicos han visto que nuestras células desprenden emisiones electromagnéticas, y son las que se han asociado con el aura, y es por medio de ellas por las que podemos conocer nuestro estado de salud y emocional interior. También se dice que esas radicaciones están conectadas con el alma, y es esa la vía que nos comunica el estado interior. Por otro lado, existe la teoría de que no es más que una mera superstición, y que esas radiaciones no tienen significado espiritual. Todo dependerá de cómo lo interpretemos y el uso que querramos darle en nuestra vida.
CÓMO CONOCER EL COLOR DE NUESTRO AURA
Percibir el color de nuestro aura, o el de otras personas, no es una tarea fácil. Hay diversas técnicas, que requieren mucha paciencia y constancia, como la técnica del péndulo o la meditación, pero aquí vamos a explicar un ejercicio para verlo en nuestra mano con nuestra visión periférica, que es la más utilizada, ya que las manos acumulan mucha energía. Hay que tener en cuenta que se necesitan varias sesiones para poder ver el aura, así que hay que tomarlo como un objetivo a mediano plazo.
Primero, vamos a realizar durante varios días un ejercicio de preparación, que si bien de esa manera no veremos aún el aura, sí que sentiremos la energía que desprende. Lo haremos en un lugar tranquilo, donde no tengamos distracciones, y nos sentaremos en un lugar cómodo. Cerraremos los ojos y respiraremos profundamente, aspirando por la nariz y expulsando el aire por la boca, de forma pausada y repitiéndolo 10 veces. Mientras lo hagamos, nuestra mente estará libre de cualquier pensamiento estresante, y cuando veamos que estamos completamente relajados por esta vía, podemos abrir los ojos y continuar.
Colocamos las manos con las palmas enfrentadas a una distancia de 30 cm una de la otra. Las dejaremos así unos 3 minutos aproximadamente, y después las juntaremos un poco para que estén a 20 cm. Mantenemos otros 3 minutos y las juntamos a 10 cm, y hacemos lo mismo hasta los 5 cm. Notaremos que la temperatura de las mano se eleva ligeramente, y también sentiremos una pequeña presión, es la energía del aura que empezamos a percibir. Repetiremos este ejercicio todos los días hasta que notemos claramente estos cambios, y podremos pasar a la siguiente fase.
Utilizaremos una cartulina de color blanco y otra de color negro. Colocamos una de las manos, la que elijamos, a unos 10-30-cm encima de una de las cartulinas, también la que prefiramos. Lo que haremos será fijar nuestra vista en un punto concreto de la mano, por ejemplo el nudillo del dedo corazón, que es el punto central. Aunque nuestra vista permanezca fija ahí, como si quisiéramos mirar a través de la mano, pero atenderemos nuestra visión periférica, es decir, lo que vemos alrededor de ese punto central, concretamente el contorno de la mano. Es algo complicado porque no estamos acostumbrados a ello, y puede llegar a marearnos un poco, así que el primer día lo haremos solamente durante 2 minutos: 1 minuto miraremos para la primera cartulina, después reposaremos unos segundos, y después haremos otro minuto con la cartulina del otro color.
Repetiremos este ejercicio todos los días, y a medida que nos sintamos cómodos podemos aumentar un poco el tiempo de exposición, pero nunca sin excedernos porque podemos dañar la vista y no queremos hacerlo. Seguiremos practicando hasta que seamos capaces de ver los colores del aura, principalmente veremos uno, que es el dominante. La capacidad para ver antes o después el aura depende de cada persona, incluso las hay que no son capaces de verla. Pero sí que podemos sentir su energía realizando el ejercicio que explicábamos previamente, lo cual nos ayudará a sentir un estado de relajación y bienestar muy reconfortante.
¿QUÉ ME APORTA VER EL COLOR DE MI AURA?
El camino para hallar el color de la energía que desprende nuestro cuerpo tiene ventajas en dos direcciones: el fin y los medios. ¿Qué quiere decir esto? Por un lado, cuando realizamos los ejercicios de sentimiento y visión del aura, entramos en un estado de paz y relajación que nos beneficia en otras áreas de nuestra vida.
Tomarnos unos minutos al día para sentir la energía del aura, esto nos ayuda a prepararnos para afrontar otras situaciones cotidianas, ya que supone una especie de recarga mental de la que saldremos bien fortalecidos. También ocurre cuando estamos buscando el color del aura, pues además de ejercitar nuestra capacidad de concentración, el mantener la mente en blanco nos libera de esos factores estresantes y malas emociones que nos bloquean en el día a día.
Por otro lado, una vez que hayamos alcanzado el fin de ver el color de nuestro aura, podremos consultar qué significado tiene ese color dominante. Esto nos ayudará a conocernos mejor a nosotros mismos, así, en aquellos momentos donde no tengamos claros nuestros sentimientos o motivaciones en la vida, podemos intentar aclarar por esta vía. También nos ayudará a cambiar aquello que no esté bien, por ejemplo, si vemos que nuestros colores son oscuros, es que hay algo bloqueándonos. Puede que sea esa situación que nos está agobiando, o quizá seamos nosotros mismos, que no estamos comportándonos correctamente.
Tendremos, entonces, que identificar esos elementos negativos de nuestra vida e iniciar un plan de acción para modificarlos o eliminarlos. La limpieza del aura se realiza desde nuestros actos, pues los efectos serán más estables en el tiempo. Veamos un ejemplo: quizá últimamente estemos siendo muy ariscos con las personas de nuestro alrededor. ¿Qué tal dedicarles una sonrisa y tratar de ser amables? Ya verás cómo tu aura empieza a cambiar a un color más claro.
domingo, 24 de agosto de 2014
Buscando la perfección a través del Qi Gong
Desde hace 27 años Patricia y yo venimos a ayunar cada verano en una clínica de Marbella. Lo hicimos la primera vez por una amiga que hablaba con tanto entusiasmo de la experiencia que nos picó la curiosidad. Nos gustó y no podríamos ya privarnos de estas tres semanas de agua, ejercicios, natación, caminatas y sopitas. Algo bueno debe tener el ayuno cuando su práctica forma parte de la historia de todas las religiones occidentales y orientales. Pero, tal vez, asociarlo estrechamente a lo espiritual lo recorte demasiado y lo desnaturalice. Si se trata de entender o buscar los trances de los místicos, mejor leer a Santa Teresa de Ávila y a San Juan de la Cruz que venir a la Clínica Buchinger.
En mi caso, el ayuno tiene por finalidad desagraviar a mi pobre cuerpo de las duras servidumbres a que lo someto el resto del año, con los viajes, jornadas de trabajo exageradas, compromisos sociales –los horribles cocteles- y culturales, así como las demás tensiones, preocupaciones, sobresaltos y desvelos de la vida cotidiana. Aquí me acuesto temprano y me levanto al alba, dedico todas las mañanas al deporte y las tardes a escribir y a leer. Mientras uno ayuna la concentración y la memoria se debilitan, pero, aún así, en la paz de estos suaves atardeceres, a la sombra de la misteriosa mole de La Concha, la montaña a la que Marbella debe su clima privilegiado y la belleza de sus jardines, he escrito siempre con más felicidad que en cualquier otra parte.
Perder los kilos que a uno le fastidian es una de las buenas consecuencias del ayuno, pero de ninguna manera la más importante. La principal, me parece, es la sensación de limpieza y la ecuanimidad que suele alcanzar quien priva a su cuerpo de alimento y de este modo lo induce a alimentarse de aquello que le sobra. Para que ello ocurra el ayuno solo no basta; es preciso una intensa actividad física que estimule aquel proceso. Aquí hay ejercicios para todos los gustos, pilates, aeróbicos, montañismo, variedades de yoga. Si yo tengo que elegir una sola de esas actividades, me quedo con el Qi Gong.
No lo he estudiado y, la verdad, no tengo mucho interés en averiguar su tradición y su filosofía pues me temo que, si me aventuro a rastrear ese aspecto teórico del Qi Gong, me encontraré con una de esas mucilaginosas retóricas bobaliconas y seudo religiosas con que suelen auto dignificarse las artes marciales. Me basta saber que es una práctica china milenaria, que en algún momento remoto se independizó del tronco común del Tai Chi y que, además de ser exactamente lo contrario de un «arte marcial», de algún modo difícil de explicar, pero evidente para quien lo ejercita cada día, tiene íntimamente que ver con el sosiego individual y, como proyección máxima, con la civilización y la paz.
Hay que tener mucha paciencia y confianza al principio para dejarse seducir por esos movimientos tan lentos y espaciados que, al novato, no le parecen de entrada más que una forma distinta de respirar a la que está acostumbrado. Mi mujer, por ejemplo, la impaciencia y el dinamismo encarnados, se aburría tanto en las sesiones que lo abandonó por otros deportes más belicosos. Pero esa infinita lentitud con que uno mueve los brazos y las piernas, el torso y la cabeza y va pasando de una a otra de las posturas del Qi Gong es precisamente una de las técnicas de que este arte se vale para conseguir que el practicante vaya eliminando esas tensiones instintivas y efervescentes que son la raíz de las violencias humanas. Se trata, como en cualquier otro empeño creativo, de buscar la perfección.
Por eso conviene hacerlo frente a un espejo. Allí la imagen nos revela que, por más esfuerzo que pongamos a fin de alcanzar la armonía, la elegancia, el equilibrio y la belleza de un movimiento sin tacha, siempre nos quedaremos por debajo del ideal. Y también que, para acercarse a él y tratar de conseguirlo, la concentración mental es tan importante como la destreza física. Esta es una manera muy concreta y al alcance de cualquiera de descubrir un principio fundamental: que la forma crea el contenido no solo en el dominio de las artes y las letras sino también en la vida rutinaria de las personas y que todo aquello que se emprende con la serenidad y la perfección coreográfica de las posturas del Qi Gong constituye una forma sutil de belleza.
Digan lo que digan, las artes marciales no son inocentes: quieren aprovechar lo que hay de primitivo y bestial en el ser humano para convertirlo en una máquina de matar, perfeccionar su innata violencia en bruto en una fuerza destructiva organizada capaz de aniquilar al adversario, así como, de un solo golpe, el brazo musculoso del maestro puede partir en dos una pila de ladrillos. El Qi Gong, en cambio, quiere liberarlo de esa agresividad congénita y hacerlo descubrir que la vida podría ser mejor si, a la vez que descargamos la ferocidad que nos habita, cada una de nuestras acciones es realizada con la delicadeza y la calma con que ejecutamos los movimientos que conforman su práctica.
Esos movimientos tienen, todos, bellas metáforas que los describen. Apartar las manos es “separar las aguas”, empinarse con los brazos en alto y los pies bien asentados en el suelo “sujetar la tierra y el cielo para que no vayan a chocar”, pasar las manos de arriba abajo frente al cuerpo “bañarse con la lluvia”, girar sobre sí mismo convertirse en “un árbol mecido por el viento”, o, bien quietos, el organismo invadido por una tierna tibieza, “sentir” la columna vertebral, los latidos del corazón, el fluir de la sangre. Gracias a esa quieta danza, el aire que respiramos no sólo llega a los pulmones sino circula por todo nuestro cuerpo de la cabeza a los pies.
Una sesión completa de Qi Gong no dura más de media hora y está al alcance de todas las edades y todas las condiciones físicas, aun las más estropeadas. Al terminar se siente una extraordinaria placidez física y mental, como si el maltratado cuerpo nos agradeciera haberle dedicado, en ese breve espacio de tiempo, tanta atención, tanto cariño respetuoso. No conozco mejor remedio para el mal humor o la desmoralización, los nervios rotos o los arrebatos de furia, esos estados de ánimo en los que la vida parece no tener sentido ni justificación. Curiosamente, de una sesión de Qi Gong tampoco salimos exaltados y bailando de alegría, sino tranquilos, mejor dispuestos, más equilibrados para enfrentar lo que venga, y, también, más conscientes de que la vida, pese a lo que hay en ella de incomprensible y doloroso, es la más hermosa aventura.
Ese es, en último término, el camino de la paz y la civilización: embridar a la bestia despiadada, ávida de deseos –algunos elevados y otros sanguinarios, como explicaron Freud y Bataille-, que también arrastramos dentro y que, cuando escapa de los barrotes en que la civilización y la cultura la mantienen sujeta, provoca los cataclismos de que está jalonado el acontecer humano.
Mi primer maestro de Qi Gong fue un médico cubano que lo había aprendido en China y que pasaba todas sus vacaciones allá, perfeccionando su técnica. La segunda es Jeannete, una joven alemana, tan grácil y flexible que, en el curso de las sesiones, me parece, en medio de los giros y evoluciones, siempre a punto de levitar o desaparecer. Acompaña las prácticas con una música china discreta, lánguida y repetitiva, y su voz va, más que ordenando, persuadiendo a los neófitos que se abandonen al absorbente ritual en pos de salud, belleza y serenidad.
A mí me ha convencido. Al extremo de que me atrevo a soñar que si los miles de millones de bípedos de este planeta dedicaran cada mañana media hora a hacer Qi Gong habría acaso menos guerras, miseria y sufrimientos y colectividades más sensibles a la razón que a la pasión que –ya no es imposible- podría terminar despoblándolo (Marbella, agosto de 2014)
En mi caso, el ayuno tiene por finalidad desagraviar a mi pobre cuerpo de las duras servidumbres a que lo someto el resto del año, con los viajes, jornadas de trabajo exageradas, compromisos sociales –los horribles cocteles- y culturales, así como las demás tensiones, preocupaciones, sobresaltos y desvelos de la vida cotidiana. Aquí me acuesto temprano y me levanto al alba, dedico todas las mañanas al deporte y las tardes a escribir y a leer. Mientras uno ayuna la concentración y la memoria se debilitan, pero, aún así, en la paz de estos suaves atardeceres, a la sombra de la misteriosa mole de La Concha, la montaña a la que Marbella debe su clima privilegiado y la belleza de sus jardines, he escrito siempre con más felicidad que en cualquier otra parte.
Perder los kilos que a uno le fastidian es una de las buenas consecuencias del ayuno, pero de ninguna manera la más importante. La principal, me parece, es la sensación de limpieza y la ecuanimidad que suele alcanzar quien priva a su cuerpo de alimento y de este modo lo induce a alimentarse de aquello que le sobra. Para que ello ocurra el ayuno solo no basta; es preciso una intensa actividad física que estimule aquel proceso. Aquí hay ejercicios para todos los gustos, pilates, aeróbicos, montañismo, variedades de yoga. Si yo tengo que elegir una sola de esas actividades, me quedo con el Qi Gong.
No lo he estudiado y, la verdad, no tengo mucho interés en averiguar su tradición y su filosofía pues me temo que, si me aventuro a rastrear ese aspecto teórico del Qi Gong, me encontraré con una de esas mucilaginosas retóricas bobaliconas y seudo religiosas con que suelen auto dignificarse las artes marciales. Me basta saber que es una práctica china milenaria, que en algún momento remoto se independizó del tronco común del Tai Chi y que, además de ser exactamente lo contrario de un «arte marcial», de algún modo difícil de explicar, pero evidente para quien lo ejercita cada día, tiene íntimamente que ver con el sosiego individual y, como proyección máxima, con la civilización y la paz.
Hay que tener mucha paciencia y confianza al principio para dejarse seducir por esos movimientos tan lentos y espaciados que, al novato, no le parecen de entrada más que una forma distinta de respirar a la que está acostumbrado. Mi mujer, por ejemplo, la impaciencia y el dinamismo encarnados, se aburría tanto en las sesiones que lo abandonó por otros deportes más belicosos. Pero esa infinita lentitud con que uno mueve los brazos y las piernas, el torso y la cabeza y va pasando de una a otra de las posturas del Qi Gong es precisamente una de las técnicas de que este arte se vale para conseguir que el practicante vaya eliminando esas tensiones instintivas y efervescentes que son la raíz de las violencias humanas. Se trata, como en cualquier otro empeño creativo, de buscar la perfección.
Por eso conviene hacerlo frente a un espejo. Allí la imagen nos revela que, por más esfuerzo que pongamos a fin de alcanzar la armonía, la elegancia, el equilibrio y la belleza de un movimiento sin tacha, siempre nos quedaremos por debajo del ideal. Y también que, para acercarse a él y tratar de conseguirlo, la concentración mental es tan importante como la destreza física. Esta es una manera muy concreta y al alcance de cualquiera de descubrir un principio fundamental: que la forma crea el contenido no solo en el dominio de las artes y las letras sino también en la vida rutinaria de las personas y que todo aquello que se emprende con la serenidad y la perfección coreográfica de las posturas del Qi Gong constituye una forma sutil de belleza.
Digan lo que digan, las artes marciales no son inocentes: quieren aprovechar lo que hay de primitivo y bestial en el ser humano para convertirlo en una máquina de matar, perfeccionar su innata violencia en bruto en una fuerza destructiva organizada capaz de aniquilar al adversario, así como, de un solo golpe, el brazo musculoso del maestro puede partir en dos una pila de ladrillos. El Qi Gong, en cambio, quiere liberarlo de esa agresividad congénita y hacerlo descubrir que la vida podría ser mejor si, a la vez que descargamos la ferocidad que nos habita, cada una de nuestras acciones es realizada con la delicadeza y la calma con que ejecutamos los movimientos que conforman su práctica.
Esos movimientos tienen, todos, bellas metáforas que los describen. Apartar las manos es “separar las aguas”, empinarse con los brazos en alto y los pies bien asentados en el suelo “sujetar la tierra y el cielo para que no vayan a chocar”, pasar las manos de arriba abajo frente al cuerpo “bañarse con la lluvia”, girar sobre sí mismo convertirse en “un árbol mecido por el viento”, o, bien quietos, el organismo invadido por una tierna tibieza, “sentir” la columna vertebral, los latidos del corazón, el fluir de la sangre. Gracias a esa quieta danza, el aire que respiramos no sólo llega a los pulmones sino circula por todo nuestro cuerpo de la cabeza a los pies.
Una sesión completa de Qi Gong no dura más de media hora y está al alcance de todas las edades y todas las condiciones físicas, aun las más estropeadas. Al terminar se siente una extraordinaria placidez física y mental, como si el maltratado cuerpo nos agradeciera haberle dedicado, en ese breve espacio de tiempo, tanta atención, tanto cariño respetuoso. No conozco mejor remedio para el mal humor o la desmoralización, los nervios rotos o los arrebatos de furia, esos estados de ánimo en los que la vida parece no tener sentido ni justificación. Curiosamente, de una sesión de Qi Gong tampoco salimos exaltados y bailando de alegría, sino tranquilos, mejor dispuestos, más equilibrados para enfrentar lo que venga, y, también, más conscientes de que la vida, pese a lo que hay en ella de incomprensible y doloroso, es la más hermosa aventura.
Ese es, en último término, el camino de la paz y la civilización: embridar a la bestia despiadada, ávida de deseos –algunos elevados y otros sanguinarios, como explicaron Freud y Bataille-, que también arrastramos dentro y que, cuando escapa de los barrotes en que la civilización y la cultura la mantienen sujeta, provoca los cataclismos de que está jalonado el acontecer humano.
Mi primer maestro de Qi Gong fue un médico cubano que lo había aprendido en China y que pasaba todas sus vacaciones allá, perfeccionando su técnica. La segunda es Jeannete, una joven alemana, tan grácil y flexible que, en el curso de las sesiones, me parece, en medio de los giros y evoluciones, siempre a punto de levitar o desaparecer. Acompaña las prácticas con una música china discreta, lánguida y repetitiva, y su voz va, más que ordenando, persuadiendo a los neófitos que se abandonen al absorbente ritual en pos de salud, belleza y serenidad.
A mí me ha convencido. Al extremo de que me atrevo a soñar que si los miles de millones de bípedos de este planeta dedicaran cada mañana media hora a hacer Qi Gong habría acaso menos guerras, miseria y sufrimientos y colectividades más sensibles a la razón que a la pasión que –ya no es imposible- podría terminar despoblándolo (Marbella, agosto de 2014)
miércoles, 6 de agosto de 2014
Una terapia que libera
Ejercicios, métodos y técnicas para ejercitar el cuerpo existen muchos, pero para quienes quieran relajarse y sentirse libres, la terapia corporal liberadora se presenta como la alternativa ideal.
El cuerpo como principal recurso. Según la psicoterapeuta, Susanne Hansen, la terapia corporal es un medio maravilloso por el que se aprovecha al cuerpo como puerta para el desarrollo espiritual y medio del autoconocimiento.
Liberación. Este método tiene dos objetivos: el primero es entrar en contacto con el cuerpo por medio de las sensaciones, sensualidad, sexualidad, ritmo, movimiento y funcionamiento. A través de ese contacto, se tomará conciencia del cuerpo propio y así aprender a relacionarse y comunicarse de manera consciente en el día a día.
El segundo, es descubrir los patrones mentales, aquellas creencias limitantes y formas de relacionarse con la vida.
Descubrirse nuevamente. La terapia corporal liberadora permite ir más allá de las limitaciones propias y de tabúes físicos-corporales. “Con este método las personas se descubren y amplían de manera notable su posibilidad de expresarse debido a que devuelven al cuerpo su libre movimiento”, dijo Hansen.
El ejercitamiento. En este sentido el trabajo que se realiza es muy amplio, pero básicamente se inicia con una toma de conciencia de cada parte del cuerpo y de su estado del momento, estiramiento y ejercicios de respiración. La persona aprende a expresarse desde el cuerpo mismo, los ejercicios permiten que los movimientos surjan y puedan influir de manera espontánea. Para concluir, esta terapia “desinhibe, libera y por lo tanto crea un cuerpo cada vez más libre y una expresión como ser humano”, explicó la especialista. Potenciar queda ubicado en la avenida Alemana, calle 10, Nro. 3185 o puede escribir a susannehansen271@hotmail.com
El cuerpo como principal recurso. Según la psicoterapeuta, Susanne Hansen, la terapia corporal es un medio maravilloso por el que se aprovecha al cuerpo como puerta para el desarrollo espiritual y medio del autoconocimiento.
Liberación. Este método tiene dos objetivos: el primero es entrar en contacto con el cuerpo por medio de las sensaciones, sensualidad, sexualidad, ritmo, movimiento y funcionamiento. A través de ese contacto, se tomará conciencia del cuerpo propio y así aprender a relacionarse y comunicarse de manera consciente en el día a día.
El segundo, es descubrir los patrones mentales, aquellas creencias limitantes y formas de relacionarse con la vida.
Descubrirse nuevamente. La terapia corporal liberadora permite ir más allá de las limitaciones propias y de tabúes físicos-corporales. “Con este método las personas se descubren y amplían de manera notable su posibilidad de expresarse debido a que devuelven al cuerpo su libre movimiento”, dijo Hansen.
El ejercitamiento. En este sentido el trabajo que se realiza es muy amplio, pero básicamente se inicia con una toma de conciencia de cada parte del cuerpo y de su estado del momento, estiramiento y ejercicios de respiración. La persona aprende a expresarse desde el cuerpo mismo, los ejercicios permiten que los movimientos surjan y puedan influir de manera espontánea. Para concluir, esta terapia “desinhibe, libera y por lo tanto crea un cuerpo cada vez más libre y una expresión como ser humano”, explicó la especialista. Potenciar queda ubicado en la avenida Alemana, calle 10, Nro. 3185 o puede escribir a susannehansen271@hotmail.com
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